Close

21 agosto 2018

Rishikesh: no sólo de yoga vive el sadhu

Atascos de 4×4 en calles empedradas y sembradas de comercios a ambos lados; vacas varadas en medio del tráfico; monos que custodian la entrada y la salida de los puentes que te cruzan al otro lado del Ganga Ma, más conocido como Ganges, el “río” sagrado que nace 70 kilómetros más arriba en el Gangotri. Oteando el horizonte el/la viajerx avista millares de letreros y anuncios con escuelas de yoga y meditación de todos los estilos: en cada muro desvencijado y en cada escalera imposible asoman carteles vendiendo cursos de 10 días, de un mes, formaciones para profesores de yoga, hatha, tantra o iyengar… El Yoga vende. Bienvenidxs a Rishikesh, puerta de entrada de los Himalayas indios y proclamada capital mundial del yoga.

Los ghats de los templos acarician el río suavemente, envolviéndolo al atardecer entre cantos y ofrendas de flores, inciensos y velas: Aarti tras Aarti, de lunes a domingo. Mientras en el horizonte los perfiles de esos mismos templos acarician el cielo y abren sus puertas a los sadhus, que van llegando para recibir sus cuencos de arroz.

Cuando llegué a esta ciudad del norte de India lo hice atraída por el efecto llamada del yoga y las posibilidades infinitas de practicar con maestrxs extraordinarixs. Y me quedé a vivir en Rishikesh (¡dos veces!): no fue una decisión premeditada tipo “voy a mudarme acá” pero me enamoré de cabo a rabo de la arena brillante y misteriosa de las playas del Ganges, de sus sanadores remolinos de agua verde, translúcida y congelada y de sus atardeceres rosados que siempre y sin excepción acaban convirtiendo al Sol en una pura bola de fuego roja a punto de explotar justo antes de esconderse tras las colinas (…); también me enamoré perdidamente de un ruso que apareció y desapareció mágicamente, pero eso es otra historia.

En Rishikesh conocí a Aldara y a su proyecto True Yoga Reviews, en el que meses más tarde empezaría a colaborar. A Mariana, con la que un tiempo después recorrería todo el país para volver al Festival de Yoga de Rishikesh, asistir a los Sat Sangs de Prem Baba y practicar asthanga yoga con Prasanth. Encontré viejas caras conocidas de la primera vez y nuevas sonrisas que escondían otros relatos de viajes, yoga y mucho más. Como la de Sil Sadvati, instructora y amante del yoga, que vería de nuevo en otro rincón del mundo: Buenos Aires. En Rishikesh, con Raj y su familia,  dejé a Bindi, la perrita que adopté a principios de año en Goa, y que me hizo aprender tanto sobre mí y los límites.

Y volviendo al yoga (ahora sí), en Rishikesh tuve la oportunidad de practicar con diferentes maestrxs y de probar nuevas cosas (como el Iyengar). Aquí abajo os dejo 3 de los que marcaron un antes y un después en mi práctica con sus clases:

  • Yoga Vidya School en Lakshman Juhla con Prasanth: de los mejores profesores de Asthanga y Mysore de la ciudad. Sus clases para principiantes son realmente detalladas y sus ajustes son perfectos para llevarte dentro de las asanas de tal forma que tu cuerpo memorice el movimiento y tu mente no te diga “¡socorro!”
  • Tantra en Agama Yoga Rishikesh: a finales de año suelen convocar diferentes cursos de Tantra y de Tantra Sexual y algunxs profesores de Agama Tailandia vienen a India para enseñar el Nivel I de las enseñanzas de esta escuela. Trabajan sobre textos védicos y budistas y tienen una mirada muy interesante sobre el Yoga y sus caminos.
  • Ashish Sharma, mi primer encuentro con el método Iyengar. Un yogi dedicado, irreverente en sus correcciones sobre cómo usar el yoga para prevenir enfermedades y dolores al tiempo que la práctica nos fortalece por dentro y por fuera. Sus clases son largas y pormenorizadas y sus correcciones y ajustes en grupo son minuciosos y formidables para entender qué estamos haciendo de manera errónea y cómo llevar a cabo cada asana de la mejor de las formas.

Echo el cierre a este artículo con 4 cosas imperdibles en esta ciudad (por supuesto que podéis ir al famoso  ashram Parmath Niketan a ver el Aarti; comeros unos papadum callejeros; beberos un rico chai entre Ram y Lakshman, etc. etc., pero para mí las recomendaciones que vienen a continuación son las cosas que me recargaban el espíritu y me llenaban de paz :))

  1. Ver el atardecer desde el Templo Bhootnath en Ram Juhla;
  2. Ir a pie, a la vereda del Ganges entre Ram Juhla y Rishikesh City para acabar tomándote un lassi en el famoso puestito del mercado de la ciudad;
  3. Visitar el Templo Kunjapuri, a unos 25 km. de Rishikesh. Uno de los lugares sagrados para el Shaktismo y con unas vistas increíbles de los Himalayas a 1700 metros sobre el nivel del mar …
  4. Asistir al kirtan de Sivananda en el Kutir del Guruji, justo del otro lado del río, – y por supuesto, si te quedas en el lado de Ram o Lakshman,  ¡agarrar la barquita a 10 rupias para cruzar el Ganges y plantarte en la ceremonia!-.

Si os apetece compartir escuelas, maestros, lugares de culto, kirtanes y demás, todo es bienvenido. ¡Namasté!

Gracias por compartirShare on FacebookShare on Google+Tweet about this on Twitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *