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20 mayo 2017

Gran Canaria aborigen: un fin de semana diferente

Canarias para mí, como para tantas otras personas, es un destino de sol, playa y deportes acuáticos. Además en mi caso me evoca recuerdos de vacaciones de verano en familia. Así que cuando mi amigo Uri me propuso ir para allá unos días acepté más por volver a vernos y pasar un buen momento que porque el destino me llamara la atención. Para remate final cuando eliminamos de la ecuación Lanzarote y Fuerteventura y todas las papeletas apuntaban a Gran Canaria perdí casi todo el entusiasmo.

A lo mejor fue por ir sin ningún tipo de expectativas o por la amabilidad de las y los canari@s o por el encanto innato de la isla pero al cabo de cuatro días yo no me quería marchar de allí. Que conste que me encanta el sol y la playa pero lo que hicimos durante esos días no tuvo mucho que ver con esas dos variantes y nos permitió conocer un aspecto de la isla más auténtico y más enraizado en la cultura aborigen canaria.

Estatuilla de tara en el museo de Artenara

De la mano de una amiga canaria visitamos algunos enclaves de lo que perteneció antes de que llegaran los colonos castellanos en el siglo XV al reinado aborigen Guanarteme. Fue fantástico escuchar las historias de Mari sobre los indígenas canarios, más popularmente conocidos como guanches (denominación tinerfeña), sobre cómo construían sus almacenes para cereales y se hacían cuevas, relojes de sol y estatuillas religiosas (como la de Tara, identificada con el culto a la fertilidad) mientras nos adentrábamos en el corazón de la isla.

Y saber de primera mano que la cultura aborigen canaria está íntimamente relacionada con la cultura amazigh norteafricana, que los antiguos canarios adoraban las montañas y otros elementos de la naturaleza y que eran, primordialmente, pastores nómadas y artesanos. Así fue como pudimos conocer las casas cuevas de El hornillo, a espaldas del Parque Nacional Tamadaba, en las que vivían los bisabuelos de Mari. Y visitar toda la zona de alrededor: Fontanales, la Culata, Lugarejos y Artenara, este último pueblo con un Museo Etnográfico muy interesante y unas vistas del Roque Nublo y del Roque Bentayga que no tienen desperdicio ni en el peor de los días de calima. Si váis por allí seguramente Unamuno os sonría.

 

El Roque Nublo y el Roque Bentayga, 1813 y 1414 metros de altitud respectivamente, son dos lugares fantásticos para respirar azul clarito, para hacerse un buen trekking y para darse al autostop si uno viaja en transporte público (ya que todo lo que se sale fuera del circuito turístico sur y este de la isla no está muy bien comunicado). Respecto al autostop pensábamos que sería más difícil ya que nos habían pronosticado que la gente de esa isla no está muy acostumbrada pero no tuvimos ningún problema, es más, lo máximo que llegamos a esperar fueron 10-15 minutos.

Otras recomendaciones

El este de la isla es conocido por las playas de arena negra como la de Melenara, pero una vez más lo que más me gustó fue el interior, concretamente Telde, con un casco histórico muy particular y más vida nocturna que otros pueblos cercanos.

De la capital me llamaron la atención los contrastes del centro, con zonas muy marginales al lado de otras más modernas. No tiene desperdicio subir al risco de San Nicolás, un entramado de callejuelas que ofrece unas vistas increíbles a otro de los seis riscos de Las Palmas, el de San Juan. En San Nicolás los vecinos hacen vida en las aceras y en las plazoletas, los colores de las fachadas desvencijadas dan habida cuenta de la historia del barrio y los olores a puchero se respiran por doquier haciendo que el viajero ya no sepa si se encuentra en alguna plazoleta de Palermo o en el barrio de Alfama en plena Lisboa. Nada que ver con la parte baja de este sector, Vegueta y Triana, que también tienen su encanto pero donde la huella del paso del tiempo es más intangible.

Y ya por último en el sur de la isla me enamoré de las dunas de Maspalomas que van cambiando con la cadencia del viento del Atlántico y que me susurraron al oído secretos traídos de tierras saharianas.

Gran Canaria gastronómica

Aunque la gastronomía canaria está muy ligada al consumo de carne, tuve suerte de descubrir algunos sabores locales como:

Las papas arrugadas con mojo rojo

El mojo picón verde con almendras

El potaje de berros (si te lo hacen en casa y sin carne, es una delicia)

El pan de papa, ¡riquísimo!

El queso de flor, fermentado con la flor del cardo

El millo o maíz en cada plato

Y las pellas fritas de gofio, la harina obtenida de la cebada tostada

¡Sin olvidar toda la producción de frutas tropicales y de aguacate y de banana!

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